dijo Victor Hugo que el hombre perfecto es el que vive en un perpetuo exilio.
bien, pues yo no quiero ser ese ser humano, no quiero ser infeliz.
escribo mientras pienso. creo que es así, el exiliado ya sea metafóricamente, ya sea literalmente, es un hombre sin hogar. alguien que no se siente a gusto en ningún espacio, en ningún momento.
probablemente esa persona goce de una clarividencia casi divina; quizá "experiencie" (haciendo uso de neologismo tan bien acogido) la realidad con una intensidad placenteramente dolorosa, pero ¿no existe la posibilidad de hacerlo sin serlo?
no hablo ya de la condición política del que ha sido expulsado de su país. a él, claro está, no le queda otro remedio que vivir con el peso de una pérdida no elegida, de tratar de superar el dolor, el rencor y los deseos de mitificación que la lejanía le empujan a realizar.
me refiero simplemente a cada uno del resto, a todos los que podríamos vivir siempre, si lo intentáramos, como en tierra ajena. sin sentirnos nunca parte de nada, cercanos a nadie. ello, ya dije, quizá nos perfeccionaría pero perderíamos, seguro, todo el riesgo que supone probar a pertenecer a la alteridad. el compromenternos con el otro, con la vida, que es siempre lo ajeno, nos permite vivir, disfrutar, aunque sea a nuestro pesar muchas veces, aunque deje marca siempre.