20 febrero 2008
rupturas
en ocasiones "el sentimiento" crece tan rápida e intensamente dentro de uno que parece que se fuera a estallar de alegría,inmensidad, terror y ansiedad. Pero no, pasa un instante y lo olvidamos. la causa desaparece y casi parece que nunca existió. el paréntesis pasa y seguimos viviendo, anodinamente.
16 febrero 2008
jane austen
voy a ser hiperbólica: cuanto más lloro con una película, es que más me ha gustado. el otro día vi: "La joven Jane Austen" y creo que, ya volviendo a un registro neutro, lloré casi 3/4 de la película. me deshidraté. aun ahora, cuando la recuerdo, noto la tristeza oprimiendome un poco por debajo del cuello, como si el aire se recalentara y no pasara de allí.
no es simplemente que se trate de una historia de amor, un melodrama, y que ello me llevara a la lágrima fácil, no. creo que hay muchísimos más elementos que conjugados, atacaron mi subconsciente y esos son los que voy a tratar de rescatar. imposible, casi seguro, así que probablemente la mitad o todas las razones que exprese sean mentiras que yo misma me haya creído para tranquilizarme y creer que soy más racional de lo que nunca seré.
por un lado, me emocionó re-descubrir la precariedad en que vivían las mujeres hace años, cada día menos, gracias al progreso. las injusticias que estructuraban sus vidas, de todos harto conocidas, parecen pura ficción sólo un par de siglos después. en especial, de entre todas ellas, me enfureció el recordar la precariedad sentimental y vital a que se veían abocadas las mujeres que nacían escritoras (pq, como decía bioy, uno nace escritor, no se hace). el matiz agrava la situación: un pálpito vital y sincero impulsa a una escritora a realizarse en el oficio que es connatural pero sabe que, seguramente, por ello, se verá despreciada por la mayoría de la sociedda, ninguneada por gran parte de la misma, y tenida de "especial" por los ineptos que la rodeen. en muchos casos, se tendrá que disfrazar bajo el humillande seudónimo de un hombre. y deberá luchar internamente constantemente por reafirmarse en su valía frente a sí misma. en el caso de que todas estas condiciones se den, aun deberá confiar en que la suerte le depare la rara fortuna de encontrarse con un hombre de su agrado que la admire, no sólo por lo que es (o tiene, pq en aquella época los parámetros del amor eran diferentes) sino también por lo que aspira a ser, por su oficio y su condición de rebelde, de adelantada social.
todo ello se dada en jane austen, segun parece apuntar la película, tenía talento, tenía corage, tenía inteligencia, tenía tesón y sensibilidad. además, es ejemplo de la posibilidad de en una mujer se combine lo que algunos hombres, y mujeres, creen imposible: inteligencia, voluntad y feminidad. era decidida. tenía carácter. un paso por delante de muchas mujeres aún hoy. tenía claridad de vsiión, pero a ella se le añadía la humanidad. quiso. amó. y amó tanmto que fue capaz de lo que mejor demuestra el verdadero amor: poner al otro por delante de los propios intereses, más cuando se trata de una persona que vive tan intensamente, que experimenta todas las emociones con tal viveza.- esa es otra noción que siempre me he planteado:¿ se puede vivir más o menos intensamente la vida? y ¿depende ello del carácter? yo creo que sí, y me parece lo más triste del mundo la genrte que flota, que es como una seta en la vida.No hay cosa más apenante.

Pero volviendo a la película...oh! y la historia de amor de la película es tan bonita (como es mi blog me permito expresarlo así de simple, subjetiva y ñoñamente!) que me reafirma en mi convicción de que el amor, como todo, hay que vivirlo sólo cuando es de verdad. entre otras cosas por el respeto a uno mismo. por no estar mintiéndonos. pero también por el respeto al otro: estar con alguien por no estar sólo es un engaño a quien es tratado como animal de compañía, a menos que le otro acepte complaciente. en fin, jane no lo hizo así. vivió y actuó consecuentemente en el terrreno del amor. y, para más inri, lo plasmó todo, a modo de catarsis, en la escritura de sus novelas.
por último ya, aunque podría seguir divagando sin control, una mención tangencial pero muy importante acerca de la película. esta va referida al actor protagonista: James McAvoy. Es un ejemplo que demuestyra la importancia capital de una buena actuación para la credibilidad de una película. Es increíble la modulación de su personaje. Su capacidad interpretativa. Yo me he enamorado, lástima que sea de un personaje de una peícula. Siempre me quedará la creencia de que los amores platónicos, aunque más cobardes, son los más satisfactorios: tú los creas, los inventas y así, nunca te decepcionan.
no es simplemente que se trate de una historia de amor, un melodrama, y que ello me llevara a la lágrima fácil, no. creo que hay muchísimos más elementos que conjugados, atacaron mi subconsciente y esos son los que voy a tratar de rescatar. imposible, casi seguro, así que probablemente la mitad o todas las razones que exprese sean mentiras que yo misma me haya creído para tranquilizarme y creer que soy más racional de lo que nunca seré.
por un lado, me emocionó re-descubrir la precariedad en que vivían las mujeres hace años, cada día menos, gracias al progreso. las injusticias que estructuraban sus vidas, de todos harto conocidas, parecen pura ficción sólo un par de siglos después. en especial, de entre todas ellas, me enfureció el recordar la precariedad sentimental y vital a que se veían abocadas las mujeres que nacían escritoras (pq, como decía bioy, uno nace escritor, no se hace). el matiz agrava la situación: un pálpito vital y sincero impulsa a una escritora a realizarse en el oficio que es connatural pero sabe que, seguramente, por ello, se verá despreciada por la mayoría de la sociedda, ninguneada por gran parte de la misma, y tenida de "especial" por los ineptos que la rodeen. en muchos casos, se tendrá que disfrazar bajo el humillande seudónimo de un hombre. y deberá luchar internamente constantemente por reafirmarse en su valía frente a sí misma. en el caso de que todas estas condiciones se den, aun deberá confiar en que la suerte le depare la rara fortuna de encontrarse con un hombre de su agrado que la admire, no sólo por lo que es (o tiene, pq en aquella época los parámetros del amor eran diferentes) sino también por lo que aspira a ser, por su oficio y su condición de rebelde, de adelantada social.
todo ello se dada en jane austen, segun parece apuntar la película, tenía talento, tenía corage, tenía inteligencia, tenía tesón y sensibilidad. además, es ejemplo de la posibilidad de en una mujer se combine lo que algunos hombres, y mujeres, creen imposible: inteligencia, voluntad y feminidad. era decidida. tenía carácter. un paso por delante de muchas mujeres aún hoy. tenía claridad de vsiión, pero a ella se le añadía la humanidad. quiso. amó. y amó tanmto que fue capaz de lo que mejor demuestra el verdadero amor: poner al otro por delante de los propios intereses, más cuando se trata de una persona que vive tan intensamente, que experimenta todas las emociones con tal viveza.- esa es otra noción que siempre me he planteado:¿ se puede vivir más o menos intensamente la vida? y ¿depende ello del carácter? yo creo que sí, y me parece lo más triste del mundo la genrte que flota, que es como una seta en la vida.No hay cosa más apenante.

Pero volviendo a la película...oh! y la historia de amor de la película es tan bonita (como es mi blog me permito expresarlo así de simple, subjetiva y ñoñamente!) que me reafirma en mi convicción de que el amor, como todo, hay que vivirlo sólo cuando es de verdad. entre otras cosas por el respeto a uno mismo. por no estar mintiéndonos. pero también por el respeto al otro: estar con alguien por no estar sólo es un engaño a quien es tratado como animal de compañía, a menos que le otro acepte complaciente. en fin, jane no lo hizo así. vivió y actuó consecuentemente en el terrreno del amor. y, para más inri, lo plasmó todo, a modo de catarsis, en la escritura de sus novelas.
por último ya, aunque podría seguir divagando sin control, una mención tangencial pero muy importante acerca de la película. esta va referida al actor protagonista: James McAvoy. Es un ejemplo que demuestyra la importancia capital de una buena actuación para la credibilidad de una película. Es increíble la modulación de su personaje. Su capacidad interpretativa. Yo me he enamorado, lástima que sea de un personaje de una peícula. Siempre me quedará la creencia de que los amores platónicos, aunque más cobardes, son los más satisfactorios: tú los creas, los inventas y así, nunca te decepcionan.
09 febrero 2008
navegante (y asi...)

veo una barca en el oceano. en la barca, muchos hombres. pero sólo uno rema. camino de su ítaca el hombre se siente agotado, y mira a su alrededor. pocos son los que con él, de vez en cuando, hacen un esfuerzo. llega una ola y algunos caen, se alejan, sin nadar. otros se mantienen, la adversidad los hizo fuertes y reman un poco más fuerte. se acercan, en ocasiones, otros barcos con otros pasajeros que bajan a la barquita. del mismo modo, los de ésta, suben para otear nuevos horizontes. vienen o se van a diferentes puertos. cuando el calor arrecia solo el hombre sigue remando. grita a sus compañeros que necesita de su presencia, sí, pero también de su esfuerzo. está gritando a sordos. o está gritando en silencio. quizá hablan difrentes idiomas. el marinero, sin embargo, no se achanta, sigue remando, no desea cejar en su empeño. veo a lo lejos ya una isla, quizá sea ítaca, quizá sólo haya nuevos compañeros. más remadores, de los buenos. miro a mi alrededror, pocos reman ya, olvidaron que son viajeros.
08 febrero 2008
un poco de cine
utilizo esta miniplataforma de mi intimidad para declarar mi indignación. Indignación ante la constatación de que, desgraciadamente, todo lo bueno perece en la pequeña pantalla. E indignación a la que se suma la pena de saber que Antonio Gasset no volverá a presentar Dias de Cine. Espero que él y su equipo, allá donde ahora estén trabajando, sigan haciendo "mucho bueno".
Tratando de compensar lo irremplazable, la cadena pública que más se jacta de no ser vista, nos regala con la mujer que más se prodiga, encantada de haberse conocido, por nuestras pantallas cuando de cuestiones cinematográficas se trata (que yo aún tengo mis dudas de que sepa mucho al respecto): cayetana Guillen Cuervo. Ni originales son ya para buscar presentadores. Una auténtica pena.
Para finalizar, y aprovechando que esta entrada trata de cine, querría romper una lanza desde este lado del océano por Javier Bardem. No sé realmente, porque no he visto aún ni la suya ni el resto de películas, si merece el Oscar o no. Poco importa. Es, además de un hombre muy normal y humilde (por lo que parece de su discreción en entrevistas varias), un actor como la copa de un pino: versátil y verosímil en todas las máscaras que se pone, desde la olvidada "segunda piel" hasta la hipervalorada "mar adentro", por eso mismo creo que ya, a su edad, merece varios oscars en forma de admiración y un huequillo en este, mi blog:
que dice el de la derecha que se ve como un monstruo cada mañana! sí, sí, monstruosisimos que están los dos
Tratando de compensar lo irremplazable, la cadena pública que más se jacta de no ser vista, nos regala con la mujer que más se prodiga, encantada de haberse conocido, por nuestras pantallas cuando de cuestiones cinematográficas se trata (que yo aún tengo mis dudas de que sepa mucho al respecto): cayetana Guillen Cuervo. Ni originales son ya para buscar presentadores. Una auténtica pena.
Para finalizar, y aprovechando que esta entrada trata de cine, querría romper una lanza desde este lado del océano por Javier Bardem. No sé realmente, porque no he visto aún ni la suya ni el resto de películas, si merece el Oscar o no. Poco importa. Es, además de un hombre muy normal y humilde (por lo que parece de su discreción en entrevistas varias), un actor como la copa de un pino: versátil y verosímil en todas las máscaras que se pone, desde la olvidada "segunda piel" hasta la hipervalorada "mar adentro", por eso mismo creo que ya, a su edad, merece varios oscars en forma de admiración y un huequillo en este, mi blog:
que dice el de la derecha que se ve como un monstruo cada mañana! sí, sí, monstruosisimos que están los dos
04 febrero 2008
a- terrar
me aterran tantas cosas.
me aterra pensar que en cada segundo estoy decidiendo mi futuro.
me aterra que cada frase, cada opción rechazada, cada sonrisa o paso es una elección que marcará el próximo segundo.
me aterra imaginar que hubiera pasado si.
me aterra sólo sospechar qué será si no.
me aterra tener la certeza de que nunca lo sabré.
me aterra comprobar que sólo vivo a medias.
me aterra sentirme en este huracán que es la vida.
me aterra ver cómo la gente se va y extiendo la mano pero grito en silencio.
me aterra sentirme tan parecida a tí y verme capaz de transmitirtelo sólo con mi sonrisa.
me aterra ser siempre igual a mí misma y temer los momentos en que soy consciente de ello y me aburro.
me aterra que poco a poco vaya deligándome de mí y acabe por ser yo, sin ser yo.
me aterra desaprovechar los momentos que paso contigo.
me aterra serme infiel, deshonesta.
me aterra poder llegar a perder la ilusión.
me aterra que un día la admiración no me ilumine cada segundo.
me aterra perder el afán de superación.
me aterra intuir que hay algo más, que me estoy perdiendo.
me aterra sospechar que invierto el poco tiempo en banalidades.
me aterra la incapacidad del lenguaje para la comunicación.
me aterra ver cómo contigo sí que me entiendo, y sospechar que no será para siempre.
me aterra no entenderme.
me aterra no desear entenderme más.
esta es la inquietud que me mantiene en la cuerda floja, en una continua búsqueda que termina siempre en la paradoja.
me aterra pensar que en cada segundo estoy decidiendo mi futuro.
me aterra que cada frase, cada opción rechazada, cada sonrisa o paso es una elección que marcará el próximo segundo.
me aterra imaginar que hubiera pasado si.
me aterra sólo sospechar qué será si no.
me aterra tener la certeza de que nunca lo sabré.
me aterra comprobar que sólo vivo a medias.
me aterra sentirme en este huracán que es la vida.
me aterra ver cómo la gente se va y extiendo la mano pero grito en silencio.
me aterra sentirme tan parecida a tí y verme capaz de transmitirtelo sólo con mi sonrisa.
me aterra ser siempre igual a mí misma y temer los momentos en que soy consciente de ello y me aburro.
me aterra que poco a poco vaya deligándome de mí y acabe por ser yo, sin ser yo.
me aterra desaprovechar los momentos que paso contigo.
me aterra serme infiel, deshonesta.
me aterra poder llegar a perder la ilusión.
me aterra que un día la admiración no me ilumine cada segundo.
me aterra perder el afán de superación.
me aterra intuir que hay algo más, que me estoy perdiendo.
me aterra sospechar que invierto el poco tiempo en banalidades.
me aterra la incapacidad del lenguaje para la comunicación.
me aterra ver cómo contigo sí que me entiendo, y sospechar que no será para siempre.
me aterra no entenderme.
me aterra no desear entenderme más.
esta es la inquietud que me mantiene en la cuerda floja, en una continua búsqueda que termina siempre en la paradoja.
02 febrero 2008
the absurd meaning of life

Ayer vi tres películas: Everything is illuminated, Nakt y Expiación.
Como casi siempre que se ve, se lee, se escucha...algo bueno, me dieron mucho que pensar. Mucho más de lo que una entrada da cabida así que espero racionar, antes de que se me olvide, cada semilla de divagación. Y bueno, si se me olvida, ya volverá, porque, como vengo comprobando, cada uno nos dedicamos a pensar día tras día en una serie limitada de asuntos que nos interesan. Un día nos aburrimos, pero al siguiente, estamos otra vez con la cabeza en esos mismos asuntos sin llegar, la mayoría de las veces, a ningún punto conclusivo, útil. Ésta es, por ejemplo, una de las cosas que en más ocasiones ocupan mi pensamiento.
En la primera de las películas un ucraniano le pregunta al americano qué se dedica. El personaje interpretado por Eliah Wood responde que "colecciona cosas", lo cual sorpende a su interlocutor que le preguntaque por qué hace eso. Eliah, desconcertado ante una cuestión que nunca se había planteado, le responde llanamente que la gente hace cosas, que todos hacemos cosas, de hecho estamos todo el tiempo haciendo cosas y eso es lo que él hace.
Esto me llevo a pensar en lo absurda que es nuestra vida. Algo que ya he pensado muchas veces. Nos pasamos la vida haciendo cosas insignificantes, día tras día repitiendo movimientos, ritos cotidianos por seguir adelante, por llegar a algún sitio futuro e indeterminado; sitio en el que, indefectiblemente, seguiremos repitiendo el mismo patrón. Rellenamos así nuestros minutos de vida: estudiando, trabajando o esforzándonos con las tareas cotidianas pero para qué, para quién. Para nosotros mismos. Con qué fin. Con ninguno. Todo lo hecho no le va a servir, seamos sinceros, a nadie. Un día moriremos y todo lo que hayamos hecho quedará para unos pocos o para nadie. Cuando la última persona que nos conocio y nos recuierde muera, moriremos del todo nosotros también, dijo alguien muy inteligente una vez (y así lo creo yo, que no creo en vida más allá de esta vida aquí ahora). Sin embargo, ante una perspectiva tan desoladora, ante unas ideas tan deprimentes, seguimos adelante. Es más, continuamos con ganas. Con ilusión. Estudiamos con más o menos entusiasmo, ponemos el alma en el trabajo, nos dedicamos a nuestras actividades cotidianas con energía y aún buscamos otras con las que emplear nuestrops minutos. ¿Porqué? Porque la vida es eso, es una idiotez divertida. Gracias a esta característica de la vida, algo que con el tiempo ha incrementado y que nos ofrece un abanico más amplio, aberrante pero también interesante de posibilidades en que invertir nuestras horas, seguimos emocionados, viviendo.
Sea lo que sea: coleccionar objetos de nuestros antepasados, ir al cine, leer literatura rusa, probar nuevos platos, conocer lugares distintos, estudiar la ley de murphy, practicar deportes de riesgo o incluso escribir un blog que apenas nadie lee, son todo actividades "useless" porque sirven para poco, a corto y a largo plazo. Es una absurdidad hacerlas, como absurda es la vida (sino, qué se lo rebatan a los Monty Python!) pero ¡qué magnífica absurdidad cuando nos permite sentirnos tan bien! Más aún cuando, por la experiencia, sabemos que el día menos pensado descubriremos una nueva actividad emocionante con que ocupar nuestras horas, incluso peor, una nueva afición que no sabremos cómo insertar en nuestro ya repleto horario. Pero es que eso nos mantiene vivos, ¿no?, hacer lo que hacemos, y ¿qué hacemos?, pues yo creo que, simple o abusrdamente, hacemos cosas.
aquí os pego el link de la peli por si os apetece echar un vistazo: http://wip.warnerbros.com/everythingisilluminated/
27 enero 2008
the world is not logical at all, or is it? intuicion
llevaba tiempo con esto en la cabeza, queriendo escribir acerca de la intuición. algo contradictorio como se verá. hoy, he leido justamente un artículo que me ha aclarado las ideas, un poco.
el caso es que me considero una persona muy racional. racionalizadora, más bien. sin embargo, en las materias más importantes de mi vida me comporto de modo totalmente irracional. movida por la intuición. siento y reacciono de modos que sólo con esfuerzo verbalizador logro, medianamente, explicarme a mí misma.
a veces una persona me cae mal. no sé exactamente qué es lo que me hace desconfiar de ella, lo que me conduce a mostrarme reservada, silenciosa o hasta arisca. cuando esto ocurre, suelo decirme que todo el mundo merece una oportunidad, que no soy yo quién para prejuzgar y que las apariencias engañan, lo cual es muy cierto en ocasiones, así que me abro y pruebo a ver hasta qué punto me falla la intuición. son innumerables las veces que así ha ocurrido, pero creo que las superan en número aquellas en las que he acertado. y aún despues de comprobar la incompatibilidad de esa persona y mi carácter, no he sabido concretar qué fue lo que en primera instancia me llevó a desconfiar.
en otras ocasiones me ocurre con las cosas que me gustan: una materia, un tema, un texto...soy incapaz, por ejemplo, de explicar qué tiene últimamente la gramática que me gusta tanto. he descubiero la historia del español. adoro ciertas lecturas de siglos pasados y cercanos. y no existen razones ni subjetivas, ni objetivas que sustenten esos intereses. siento, mientras leo o trato de comprender un texto de estas materias, como un fuego que me sube del estómago. es una fuerza similar a la que se apodera de mí cuando me enfado o me emociono y me impide reprimir improperios, lágrimas, carcajadas o gritos. es, simplemente, una pasión arrolladora que sale, literalmente, de mis entrañas. mi cabeza está, pues, conectada con mi cuerpo de manera total. yo veo y noto estas reacciones pero soy incapaz de hacer el camino inverso.
no hay palabras que lo expliquen. como no hay palabras que nos expliquen. somos nuestros gestos y nuestros hechos. nos acercamos unos a otros, poco a poco, por las actitudes que percibimos, tratándo de descifrar al otro, de comprobar hasta qué punto estaba en lo cierto nuestra intuición. pero seguiremos siempre así, en la incertidumbre. moviéndonos como el que la lleva en la gallinita ciega y disfrutando de los pocos momnetos en que, aunque con los ojos vendados, palpemos una de esas seguridades, relativas. son seguridades como fogonazos (personales, cada uno, la suya) que subyacen en lo hondo y que crean instantes mágicos. Mágicos porque se escapan a nuestra capacidad de racionalización, porque nos muestran brevemente lo pequeños e infradotados que somos: lo caótico que a nuestra mente se hace un mundo que nos parece irracional en nuestro fútil intento de ordenarlo.
el caso es que me considero una persona muy racional. racionalizadora, más bien. sin embargo, en las materias más importantes de mi vida me comporto de modo totalmente irracional. movida por la intuición. siento y reacciono de modos que sólo con esfuerzo verbalizador logro, medianamente, explicarme a mí misma.
a veces una persona me cae mal. no sé exactamente qué es lo que me hace desconfiar de ella, lo que me conduce a mostrarme reservada, silenciosa o hasta arisca. cuando esto ocurre, suelo decirme que todo el mundo merece una oportunidad, que no soy yo quién para prejuzgar y que las apariencias engañan, lo cual es muy cierto en ocasiones, así que me abro y pruebo a ver hasta qué punto me falla la intuición. son innumerables las veces que así ha ocurrido, pero creo que las superan en número aquellas en las que he acertado. y aún despues de comprobar la incompatibilidad de esa persona y mi carácter, no he sabido concretar qué fue lo que en primera instancia me llevó a desconfiar.
en otras ocasiones me ocurre con las cosas que me gustan: una materia, un tema, un texto...soy incapaz, por ejemplo, de explicar qué tiene últimamente la gramática que me gusta tanto. he descubiero la historia del español. adoro ciertas lecturas de siglos pasados y cercanos. y no existen razones ni subjetivas, ni objetivas que sustenten esos intereses. siento, mientras leo o trato de comprender un texto de estas materias, como un fuego que me sube del estómago. es una fuerza similar a la que se apodera de mí cuando me enfado o me emociono y me impide reprimir improperios, lágrimas, carcajadas o gritos. es, simplemente, una pasión arrolladora que sale, literalmente, de mis entrañas. mi cabeza está, pues, conectada con mi cuerpo de manera total. yo veo y noto estas reacciones pero soy incapaz de hacer el camino inverso.
no hay palabras que lo expliquen. como no hay palabras que nos expliquen. somos nuestros gestos y nuestros hechos. nos acercamos unos a otros, poco a poco, por las actitudes que percibimos, tratándo de descifrar al otro, de comprobar hasta qué punto estaba en lo cierto nuestra intuición. pero seguiremos siempre así, en la incertidumbre. moviéndonos como el que la lleva en la gallinita ciega y disfrutando de los pocos momnetos en que, aunque con los ojos vendados, palpemos una de esas seguridades, relativas. son seguridades como fogonazos (personales, cada uno, la suya) que subyacen en lo hondo y que crean instantes mágicos. Mágicos porque se escapan a nuestra capacidad de racionalización, porque nos muestran brevemente lo pequeños e infradotados que somos: lo caótico que a nuestra mente se hace un mundo que nos parece irracional en nuestro fútil intento de ordenarlo.
21 enero 2008
asi, simplemente
tenía razón cuando dijo que los seres humanos no nos entendemos porque no sabemos hacer la pregunta adecuada. creemos que el simple tono de interrogación vale para que se nos responda. pero, ocurre que las palabras son limitadas y, a veces, una mirada busca más respuestas que mil preguntas encadenadas. y, en ocasiones, un gesto da la respuesta adecuada. y mientras esperamos esos momentos de luz, vamos chocándonos unos con otros, golpeándonos con nuestros silencios, hiriéndonos artificialmente. tratamos de dar con las palabras propicias para el momento idóneo. así es como vamos perdiéndonos en nuestra soledad. nadie nos ha enseñado que la única respuesta que perseguimos no existe. mientras la tratamos alcanzar ya la tenemos: está ahí, en lo natural.
20 enero 2008
el fenomeno de stendhal
Cuenta Carmen Posadas en el artículo del País Semanal de hoy, que una de las metáforas a veces empleadas para describir el enamoramiento es "la teoría de la cristalización" o el conocido como "engaño" de Stendhal.
En palabras de dicha periodista, este fenómeno consiste en lo siguiente: "cuando uno se enamora, se produce el mismo fenómeno que cuando se arroja un tronco seco en una mina de sal. La sal recama el tronco de bellísimos cristales que nos hacen ver como una joya lo que no es más que una rama vieja". Pasado el enamoramiento, se acaba la cristalización y volvemos a ver el tronco tal y como es. En otras palabras, la persona a la que amamos no tiene ni la mitad de las virtudes que le atribuimos (...).
Segun mi opinión, el proceso es ligeramente matizable. Cuando uno se enamora, no lo hace ni de una ramilla seca, ni de un cristal de Sbarowsky, sino que elige, en realidad, lo que a sus ojos es el diamante más puro y perfecto de la tienda. Sabe que ese diamante tiene alguna muesca, que ya ha sido usado o que su valoración en quilates no es la más alta del mercado, pero, sin embargo, para el comprador, ese es el más deseable de todos los que ha visto jamás. Voy a intentar explicarme sin metáforas mercantilistas que sólo degradan tan bello asunto. Lo que quiero decir es que, cuando uno se enamora, sabe, más en el fondo o menos dependiendo de sus capacidades de racionalización, que el objeto de su ceguera no es el Adonis o la Venus subidos en el pedestal con que sueña todas las noches. Se trata más bien de un tipo normal, anodino para otros pero, para ella, maravilloso en su normalidad.
Lo que ocurre es que el amor es así: irracional. Ciego. No ciego porque nos impida ver, sino porque él mismo, como ente abstracto gracias al cual elegimos a nuestra víctima (si la víctima del amor no somos nosotros mismos) no atiende a razones lógicas. El defecto en el ser amado es, por eso mismo, no la mayor de las virtudes, pero sí un amable, divertido, comprensible o entrañable rasgo que hace al otro "especial".
¿Por qué? A parte de porque la naturaleza es sabia y nos ha creado estúpidos y tendentes a la exigencia baja en beneficio de la supervivencia de la especie, porque cuando nos enamoramos las virtudes eclipsan los defectos. Eso es lo bello del amor, a mi parecer. Por eso acertaba "queen" cuando decía que "everybody needs someone to love": necesitamos amar a alguien para creer que existe algo lo suficientemente bueno como para seguir adelante. Ese alguien es, además, un anómalo ser con el que conectamos, que nos ayuda a desasirnos de la soledad en que creemos vivir. Es, pues, maravilloso y compatible, lo cual, con mucha suerte, (porque allí radica el mayor obstáculo) implicará un sentimiento recíproco que se consumará en el verdadero amor.
Luego ya vendrá, si hay mala suerte y la magia acaba (utilizo esta palabra, magia, porque no soy muy ducha en términos ni realidades científicas, pero seguro que existe una explicación con feromonas y demás que lo explican a la perfección), el momento en que ese tipo se vea, así, como un tipo más, menos adónico (o venusina, dependiendo el sujeto amante) que antes, o más cotidiano que especial, o, en el peor de los casos, el momento en que las virtudes desparezcan bajo la sombra de los ya no tan entrañables defectos.
De cualquier modo, quién sabe si gracias a la Sabia Madre Naturaleza que nos creó felices y útiles en nuestra ignoracia o gracias a dios, somos el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra, y por eso, una vez tras otra, si nos atrevemos a ser valientes, nos enamoramos, probamos, amamos, sufrimos y, lo más importante, vivimos.
En palabras de dicha periodista, este fenómeno consiste en lo siguiente: "cuando uno se enamora, se produce el mismo fenómeno que cuando se arroja un tronco seco en una mina de sal. La sal recama el tronco de bellísimos cristales que nos hacen ver como una joya lo que no es más que una rama vieja". Pasado el enamoramiento, se acaba la cristalización y volvemos a ver el tronco tal y como es. En otras palabras, la persona a la que amamos no tiene ni la mitad de las virtudes que le atribuimos (...).
Segun mi opinión, el proceso es ligeramente matizable. Cuando uno se enamora, no lo hace ni de una ramilla seca, ni de un cristal de Sbarowsky, sino que elige, en realidad, lo que a sus ojos es el diamante más puro y perfecto de la tienda. Sabe que ese diamante tiene alguna muesca, que ya ha sido usado o que su valoración en quilates no es la más alta del mercado, pero, sin embargo, para el comprador, ese es el más deseable de todos los que ha visto jamás. Voy a intentar explicarme sin metáforas mercantilistas que sólo degradan tan bello asunto. Lo que quiero decir es que, cuando uno se enamora, sabe, más en el fondo o menos dependiendo de sus capacidades de racionalización, que el objeto de su ceguera no es el Adonis o la Venus subidos en el pedestal con que sueña todas las noches. Se trata más bien de un tipo normal, anodino para otros pero, para ella, maravilloso en su normalidad.
Lo que ocurre es que el amor es así: irracional. Ciego. No ciego porque nos impida ver, sino porque él mismo, como ente abstracto gracias al cual elegimos a nuestra víctima (si la víctima del amor no somos nosotros mismos) no atiende a razones lógicas. El defecto en el ser amado es, por eso mismo, no la mayor de las virtudes, pero sí un amable, divertido, comprensible o entrañable rasgo que hace al otro "especial".
¿Por qué? A parte de porque la naturaleza es sabia y nos ha creado estúpidos y tendentes a la exigencia baja en beneficio de la supervivencia de la especie, porque cuando nos enamoramos las virtudes eclipsan los defectos. Eso es lo bello del amor, a mi parecer. Por eso acertaba "queen" cuando decía que "everybody needs someone to love": necesitamos amar a alguien para creer que existe algo lo suficientemente bueno como para seguir adelante. Ese alguien es, además, un anómalo ser con el que conectamos, que nos ayuda a desasirnos de la soledad en que creemos vivir. Es, pues, maravilloso y compatible, lo cual, con mucha suerte, (porque allí radica el mayor obstáculo) implicará un sentimiento recíproco que se consumará en el verdadero amor.
Luego ya vendrá, si hay mala suerte y la magia acaba (utilizo esta palabra, magia, porque no soy muy ducha en términos ni realidades científicas, pero seguro que existe una explicación con feromonas y demás que lo explican a la perfección), el momento en que ese tipo se vea, así, como un tipo más, menos adónico (o venusina, dependiendo el sujeto amante) que antes, o más cotidiano que especial, o, en el peor de los casos, el momento en que las virtudes desparezcan bajo la sombra de los ya no tan entrañables defectos.
De cualquier modo, quién sabe si gracias a la Sabia Madre Naturaleza que nos creó felices y útiles en nuestra ignoracia o gracias a dios, somos el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra, y por eso, una vez tras otra, si nos atrevemos a ser valientes, nos enamoramos, probamos, amamos, sufrimos y, lo más importante, vivimos.
18 enero 2008
respeto
en el libro que en estos momentos me estoy leyendo y que recomiendo a todo el mundo, a todo el que le guste leer, claro: Suite francesa, Irene nemirovsky (si es que las que así nos llamamos no sabemos hacer nada pequeño!), decía, que en dicho libro aparecía una sentencia que creo muy adecuada para la reflexión. habla de un hombre, ya mayr, que tiene qu ir a la guerra por segunda vez en su vida. él cree que ya cumplió yendo a la primera pero decide acudir a la llamada general de socorro de esta segunda también, porque, anque pudo haberse librado "se lo impidió el deseo de seguir respetándose a sí mismo".
Pensándolo, creo que ese respeto hacia uno mismo es similar al imperativo categórico de Kant, al "actúa con los demás según desees que se actúe contigo", a la voz de la conciencia, de la virtud que no sé si tenemos naturalemente en nuestro interior o una educación nos instruye en ella. De un modo u otro, cada vez que actuamos mal, estamos perdiéndonos el respeto. No vale cuestionar y relativizar qué es una actuación incorrecta porque bastantes años llevamos ya de civilización y moral. No obstante, creo que allí reside el problema de nuestros días. Hemos perdido los pilares básicos. Se nos educa en la no-educación. No nos sabemos ni respetar a nosotros mismos. Vale con aparentar. Pero creo que divago, el examen de hoy me ha afectado. El siglo XVIII es un gran siglo. Lástima que hallamos vuelto a la barbarie, pero, de nuevo, esto daría para mucho más y mucho más oscuro. Lo dejo aquí, que hable quien se atreva.
Pensándolo, creo que ese respeto hacia uno mismo es similar al imperativo categórico de Kant, al "actúa con los demás según desees que se actúe contigo", a la voz de la conciencia, de la virtud que no sé si tenemos naturalemente en nuestro interior o una educación nos instruye en ella. De un modo u otro, cada vez que actuamos mal, estamos perdiéndonos el respeto. No vale cuestionar y relativizar qué es una actuación incorrecta porque bastantes años llevamos ya de civilización y moral. No obstante, creo que allí reside el problema de nuestros días. Hemos perdido los pilares básicos. Se nos educa en la no-educación. No nos sabemos ni respetar a nosotros mismos. Vale con aparentar. Pero creo que divago, el examen de hoy me ha afectado. El siglo XVIII es un gran siglo. Lástima que hallamos vuelto a la barbarie, pero, de nuevo, esto daría para mucho más y mucho más oscuro. Lo dejo aquí, que hable quien se atreva.
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